Regresan viejas tipologías para lavar dinero

Las viejas tipologías del lavado de dinero se repiten al igual que algunas modas. Parece estar comprobado que hay métodos que nunca dejan de funcionar así pasen años después de la primera vez que fueron empleadas. Este es el caso de las fianzas al portador o los llamados “bearer bonds”, un instrumento financiero cuyo uso fue prohibido por el Gobierno de los Estados Unidos en 1982. 

Los “bearer bonds” son bonos emitidos por algunas empresas, corporaciones o gobiernos que difieren de otros instrumentos financieros ya que para la emisión de los mismos no es necesario mantener un registro de la persona que lo posee o de las transacciones que involucren a los propietarios. Sin embargo, cualquiera que posea el documento físico a través del cual fue emitido el bono será su dueño.

En su momento este instrumento sirvió a aquellos inversionistas que deseaban mantenerse en el anonimato.

Recuperar el valor del bono si este se pierde, si es robado o destruido es usualmente imposible.   

Los “bearer bonds” posiblemente sitúen su origen luego de la Guerra Civil de Estados Unidos, durante el periodo de Reconstrucción entre 1865 y 1885. No obstante, el empleo de estos para la evasión fiscal no se hizo popular sino hasta después de la Primera Guerra Mundial. 

En la actualidad los Estados Unidos a través del Servicio Interno de Rentas (IRS) y la Agencia Antidrogas (DEA)  se encuentra llevando un caso en el cual un grupo de narcotraficantes podrían estar utilizando los “bearer bonds” como instrumento para lavar dinero aprovechándose de que no se mantienen los registros de los dueños. 

Aparentemente el dueño de una empresa de maquinaria pesada ayudó a este grupo a comprar 100 millones de dólares en finanzas al portador.  

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